Bolsos de Mujer

Hoy quiero hablaros de uno de los complementos femeninos más importantes de la historia. Lo llamo complemento y no accesorio, aunque realmente debería de llamarlo imprescindible. Si, lo habéis adivinado, hoy vamos a hablar del bolso.  Imprescindible femenino donde los haya.

 

Hace ya un tiempo que los diseñadores nos vienen adelantando en sus desfiles lo que se va a llevar durante esta Primavera Verano, pero ahora que sale el sol es cuando nos fijamos en los escaparates buscando tendencias y las nuevas adquisiciones para el cambio de temporada en nuestro armario: tejidos ligeros, colores pastel, sandalias…  Una de las piezas clave para la transición de nuestro armario es el bolso. En época estival, los colores y los materiales de este complemento se transforman: aparecen la rafia, los estampados florales y los diseños más frescos.

 

Desde el modelo más XXS, pasando por la bandolera, las bomboneras de mano, las mochilas, las micro mochilas, los clucht, las cajas, los bolsos como mensaje, las limosneras, los shopping, hasta el bolso maxi XXL, en cualquier armario femenino encontraremos al menos un par de ejemplares. En el mío, lo confieso, encontrareis más. Y es que soy una loca de los complementos y una fan absoluta de los bolsos en cualquiera de sus formas.

 

Obviamente tengo mis preferencias, pero en general cualquier formato me parece genial según se vaya vestido. Porque sí, para cada look hay un bolso.  Por regla general, la mayoría de las mujeres en su día a día no cambian de bolso. Es más, las hay que cogen uno a principio de temporada y ya no lo sueltan hasta que, o bien el bolso muere por sí solo, o hasta que el cambio de temporada obliga.

 

Y reconozcámoslo. Un bolso puede sumar o restar tanto como cualquier otro complemento de nuestro look. Sin embargo he encontrado para mi asombro que somos más o menos flexibles según nos parece con la elección del bolso, pero dejadme deciros algo,  al igual que no asistiríais nunca a un evento vestida de etiqueta con una mochila a la espalda, tenéis que saber que un bolso negro no siempre combina con todo.

 

Odio la frase, “el negro combina con todo”. ¡Puf! Gracias, tenía que decirlo. ¡Que va a combinar con todo!, ¿Quién se inventó semejante patraña? Un bolso negro es un must have sin discusión, pero en formato cluth o en maxi bolso o incluso en una bandolera pero un shopping, un saco, una limosnera, un bowling, birkin, son mil veces más bonitos, divertidos, combinables y juveniles en cualquier otro color que no sea negro. Bueno, ya sé, como para todo hay excepciones, acepto barco.

 

Como siempre me desvío del tema. Así que voy a centrarme de nuevo que pierdo el hilo. Hoy quiero hablaros del bolso y su historia, desde su creación hasta nuestros días.

 

El primer “bolso” aparece en las casacas llevadas por los hombres a finales del siglo XVII,  estas pequeñas bolsas ocultas en la prenda masculina llamadas bolsillos irán aumentando en número y capacidad, proporcionando al hombre varios sitios donde guardar sus pertenencias sin necesidad de recurrir a las bolsas, las cuales estaban únicamente reservadas para trasladar objetos de mayor volumen. 

 

En el caso femenino, durante siglos las mujeres utilizaron pequeños bolsos ocultos entre sus vestimentas, escotes, mangas y faldas, pero no fue hasta principios del siglo XIX cuando el primer bolso aparece como complemento habitual de la vestimenta femenina. En aquella época la ropa femenina se inspira en las túnicas griegas y romanas, desapareciendo por tanto prendas como miriñaques y corsés. La simplicidad de los diseños de las nuevas tendencias no posibilita esconder las pertenencias entre las diferentes capas como se había hecho durante los últimos doscientos años. Los vestidos se confeccionan con tejidos claros y ligeros y el número de capas se reduce notablemente incluso en la ropa interior femenina que se simplifica al igual que los vestidos.

 

Aparece así el uso de un bolso denominado “retículo” y bautizado con ironía como “ridículo”.  Estos primeros bolsos se elaboran de tela, habitualmente bordados y muy decorados.  Los retículos se llevaban sujetos al talle mediante unas largas cintas.

 

A partir de entonces y hasta la actualidad el bolso se ha erigido como un complemento esencialmente femenino, quedando así establecida la diferencia en la manera de trasladar las pertenencias entre ambos sexos.  Su diseño va evolucionando a merced de los vaivenes de la estética del momento. La mujer no renuncia a su uso ni siquiera cuando los bolsillos son incorporados también a la ropa femenina.

 

En el siglo XX la moda pierde su matiz de frivolidad. La ropa se va adaptando a la sociedad y sus acontecimientos. La ropa femenina tras las guerras se vuelve más andrógina y práctica, las faldas se acortan y la sencillez en sus formas acompaña a una mujer más moderna.  El desarrollo de la industrialización y el inicio de la globalización repercuten en el incremento de las exportaciones y promueven que el bolso sea un artículo distribuido y comercializado por todo el mundo. Los bolsos son ya un complemento indispensable para el mundo de la moda. Cada año nuevos modelos y diseños marcan las diferentes estaciones del año. La industria de la moda crece de forma vertiginosa acompañando a una mujer que cada vez tiene un papel más activo en la vida cotidiana.

 

A pesar de la crisis de 1929, los años 30 fueron caracterizados por un periodo de producción y creación cultural.  La crisis afecta seriamente a los fabricantes de bolsos que tratando de sobrevivir comienzan a utilizar materiales más baratos como la baquelita para la confección de los bolsos.  En esta época Hollywood, influencia con sus películas en la forma de vestir de millones de mujeres, convirtiéndose en icono de todas ellas actrices como, Marlene Dietrich o Greta Garbo.  A principios de los años 30 los bolsos mantienen sus líneas sencillas, pero poco a poco se van volviendo más largos y sofisticados, y las pieles más finas y blandas. Como resultado de esta tendencia, a finales del 1935 los bolsos o carteras de mano tienen compartimentos para maquillaje, dinero, etc…

 

En la década de los años 40 hubo un impulso por satisfacer los deseos reprimidos durante la segunda guerra mundial. Muchos materiales desaparecieron y en medio de la confusión causada por la guerra los años 40 surgen como una nueva oportunidad para la moda.  Debido a la escasez de materiales generada por la guerra la confección de bolsos de cuero se reduce dando paso a la utilización de las telas para su fabricación. Los bolsos se convierten en piezas únicas y artesanales. En alguno de los diseños ya se incluye el revolucionario  uso de la cremallera.

 

En los años 50, tras el baby boom provocado por el regreso de los hombres de la guerra, la mujer americana se vuelve más domestica a pesar de ser una época conocida por muy pomposa, la mujer adopta líneas más casual reflejando una imagen de esposa y madre ejemplar.  La aparición de la televisión incide notablemente en la moda y como hoy en día la mujer de entonces quiere copiar la ropa, peinados y accesorios de actrices tan glamurosas como Doris Day o Elizabeth Taylor.

 

Los bolsos estilo Box, tan populares a finales de la década de los 40, renuevan su diseño confeccionándolos ahora con cuero de animales exóticos como cocodrilos, serpientes o lagartos. El bolso de pulsera con una o dos asas y con cerradura se hizo muy popular en todos los años 50.

 

Llegan los años 60 y con ellos la renovación en el modo de vestir de la juventud, que adopta un estilo mas sencillo alejado de la sociedad de consumo. Nace un movimiento Hippie con su vestuario ecológico y apegado al medio ambiente que sin duda ejerce una innegable influencia en la moda. En los primeros años de la década de los sesenta los bolsos todavía eran del estilo cartera, con motivos y patrones decorativos. A lo largo de esta etapa el estilo se va diversificando y se fabrican nuevos tamaños claramente influenciados por movimientos artísticos como Pop-Art, confeccionándose bolsos con estampados geométricos. El movimiento Flower Power también dejó su huella en el diseño y creación de los bolsos.

 

La moda en la década de los 70 es difícil de catalogar. Fue una década en la que se conjugaron todos los estilos conocidos hasta ese momento, con influencias claras de los movimientos hippie, y románticos de los años 30. La mujer de la época busca sin duda la comodidad y practicidad y eso se refleja en su atuendo y complementos, usando un bolso que la acompaña en su día a día, más practico que estético.

 

Tras una década indefinida los años 80 llegan para desarrollar el vanguardismo en la moda. No existe una verdad única en la moda. La ropa y los accesorios se han convertido en una bandera tras la cual la mujer muestra lo que siente en su día a día y su realidad. Una década revolucionaria de creación y búsqueda en la que conviven en armonía diferentes tribus urbanas como los punk, raperos, góticos, etc… que influyen en la creación de prendas de vestir y sus accesorios.

 

Los bolsos con asas de cuero son ampliamente utilizados por las mujeres trabajadoras, que buscan la practicidad de cargar varios objetos necesarios para su día a día.

 

 

En los años 90 reaparece el minimalismo, término que fue retirado de su uso en la vanguardia artística de los años 70 y que se caracteriza por la simplicidad llevada a su máxima expresión. Los bolsos acompañan a la tendencia con formas simples y clásicas. Son piezas funcionales para uso claramente cotidiano.

 

En esta época los diseñadores de moda reconocen la importancia de los complementos y la mujer empieza a adquirir más complementos que ropa.

 

Sin duda el bolso, por ser parte de la imagen de la estética de la mujer, ha jugado un papel muy importante de la diferenciación social entre clases. Y es que el bolso se ha convertido en un objeto joya que sin duda marca la diferencia. Un claro ejemplo es el bolso emblema de la casa Chanel.

 

En los años 20, la afamada diseñadora Coco Chanel redefine la moda. Hace a la mujer elegante, le quita adornos superfluos. Coco Chanel conseguirá diseñar en 1955 un bolso que será sin duda emblema de la marca a partir de ese momento hasta la actualidad, que sigue siendo el bolso más vendido de la marca. El modelo 2.55, que debe el nombre a la fecha en la que fue creado. 




 

En 1984 el presidente de Hermés pidió ayuda a la actriz Jane Birkin para diseñar un bolso donde cupieran sus guiones, y así fue como nacio el famoso Birkin, un bolso espacioso, robusto y estable gracias a su fondo plano, elegante tanto abierto como cerrado. Realzando el savoir-faire más emblemático de la Maison: bordes pulidos, costura guarnicionera.  Y, según la misma Jane, en Nueva York, el Birkin se hizo más famoso que ella... La variedad de pieles y de colores, así como la creatividad del Estudio de Creación de la Marroquinería, dieron lugar a una amplia gama de modelos que siguen dando vida a esta historia nacida hace más de 30 años. 



 

Un bolso tan cotizado ahora como entonces y para cuya adquisición hay lista de espera. Objetos de lujo que solo un puñado de mujeres privilegiadas pueden lucir y con el que sueñan millones de mujeres en todo el mundo.